LA GUERRA CONTRA LOS HUMANOS. El corazón del dios o del fin de las mujeres.




Desperté solo. Cerca estaba Anthonio.

—No temas, ya es tuyo. Estará a salvo esperándote. Aunque sufriendo…. Es hora de pagar por tu cosa.

Anthonio me esperaba para llevarme a la gran biblioteca. Como un diablo que me llevara a pasear por un infierno.

—Te llevaré a un lugar que siempre han deseado conocer los subversivos: las bibliotecas veladas. Te permitiré entrar a las entrañas del dios para que puedas extirpar de él, ese tumor que lo enferma: la mujer, ese animal áptero.

 

—Nada quiero conocer ya. Solo haré lo que me pides por ser tu esclavo. Pero si tu dios es perfectible no es un dios —agregué con tristeza.

—Lo es en la eternidad que aún no llega —me dijo Anthonio, ahora con la intimidad de un socio o un aliado—, el viaje del cosmos es del orden absoluto al desorden absoluto y el de la vida del desorden absoluto al orden absoluto. Eso será en la eternidad que ni tú ni yo veremos —agregó con cierta desazón.

Lo miré comprendiéndolo y sintiendo igual que él y junto a él, esa intrascendencia de los seres vivos.


Así andamos por un largo camino en declive. Bajamos por una tenue y delgada escalera que se desempeñaba en las profundidades de Limma. Conforme bajábamos se mostraban las bibliotecas del dogma como una ciudad de libros bombardeada y secuestrada. Todo conocimiento, toda verdad estaba aquí, afuera solo ignorancia y superstición. Todo lo que en mi vida anterior deseé conocer y ahora, por Eme, despreciaba, como desprecia el moribundo una inútil medicina. Por esas calles verticales de Limma en caída al abismo, colmadas de edificios que solo habitaban libros caminamos hasta su centro más hermético. Solo Anthonio y algunos privilegiados habían recorrido ese camino. Pero todo estaba aprisionado bajo diversos mecanismos de sujeción y censura, vueltas y vueltas, en más de una dirección… caminos que se bifurcaban o que morían sin salida aparente… Falsas escaleras que no llevaban a ningún lado, pero que no nos regresaban al mismo sitio tampoco, y corredores, ilusoriamente rectos que se torcían en una invisible dirección haciendo formas ininteligibles. Increíblemente, Anthonio no parecía perderse en este laberinto, caminaba con seguridad en ese vertiginoso enredo, había desperdiciado su juventud, su vida en una fe ascética que lo había consumido, y nada superaba su gran conocimiento del laberinto.

 

Un mundum tipice laberintum denotant ile…—susurro rezando.

Intranti largus, redeuti sed nimius artus —completé la oración ya unido a su causa y a su devoción.

 
Era obvio que, si me dejaba aquí, solo él podría sacarme. Al centro de esos miles de recovecos y muros, llegamos a la información más sagrada y críptica de todas. EL laberinto del genoma, su entrada perecía un ordinario edificio neoclásico, derrumbado y reconstruido decenas de veces, encerraba un laberinto abstracto al centro de este polvoriento laberinto de libros, y contenía más información que todos ellos. Pero no hecho de edificios perplejos o calles engañosas como el resto. 

—Recuerda —me dijo Anthonio—. Este, a diferencia de las bibliotecas que nos rodean es solo información, es decir es nuestro mismo dios, aquel del que nuestra información genética es solo una sombra. Podrás verlo cara a cara y curar su enfermedad. De alguna forma es un lugar metafísico, no esperes que las leyes naturales funcionen igual. Las mismas leyes de la mente humanas tienen su base lógica en el genoma. Así que el genoma es la base de la razón con la que podemos ver el mundo, así que no esperes verlo objetivamente.

—Lo sé. Soy el genoma mirándose a sí mismo —le dije casi como a un amigo. Casi ví en su rostro la cara de mi antiguo maestro, Ahelos.

— Pero lo vez desde abajo, recuérdalo. La otra especie es una vieja enfermedad en el dios, busca como destruirla. La mujer es un animal sin alas, y la humanidad necesita volar — dijo con un odio amargo e infinito—. Ellas tienen cromosomas XX y los hombres XY, no podemos destruir el cromosoma X sin destruirnos también. Resuelve ese acertijo: Como borrar su genoma del dios sin borrarnos.

 

Asentí resignado a cometer ese crimen por Eme. Pero dude, acaso solo compraba aire con ese pecado. Más que matar a las mujeres me mataba a mí mismo y a mi libertad. ¿Quién soy, Ele o eracom? ¿Quién quiero ser?

—Ahora entra —dijo Anthonio como un cirujano que confía a su ayudante la intervención de su propio cerebro —. Pero algo he de advertirte, verás a dios, pero solo un dios puede ver su propia divinidad autem facie ad faciem, los ojos humanos son muy pequeños para un expectaculo tan grande, tan metafísico, y es por ello necesario que esas máquinas trasformen tu mente y la eleven a la altura del dios. Esa transformación será en parte irreversible, y será tu unión más íntima con la vida; en cierto modo será la divinización de tu alma humana, impura e imperfecta.

 

Dentro del viejo edificio había una puerta. Esa puerta era solo oscuridad pulcramente negra. Adelante unos pasos en ella y ya estaba dentro. Al entrar sentí un abstruso vértigo cognitivo, desapareció el suelo y sentí como si mi mente fuese absorbida por unas máquinas escondidas en lo oscuro. Mi cerebro quedo vacío de yo. Y mi cuerpo cayó inconsciente en la entrada del sagrado edificio.

 

Mi conciencia ya no estaba en mi cuerpo, sino que había entrado a la biblioteca del dios por aquellas máquinas. Flotaba entre la información.

Primero oscuridad, como si el universo fuera una nada en lugar de lo que es. Por un segundo pensé piadosamente que esa nada era mucho más deleitable y bella que el universo de cosas en el que Anthonio, Eme y yo vivíamos. En el que éramos todos enemigos de todos.

 

Luego, en ese universo vacío vi algo como una única y remota estrella, tan pequeña que costaba verla. Su sola existencia contaminaba el hueco ser de ese cosmos pristiño y vacío. Me conmovió su fragilidad. En la nada comprometió toda mi atención. La miré atento y poco a poco fui comprendiéndola. Contemplarla era como acercarse a ella desde lo remoto. Y esta se veía no más grande, pero si más nítida.  

Viaje una distancia cósmica hasta su proximidad, al verla de cerca note que era un núcleo de información muy escueto y simple. Así que aún lejos del dios vi primero la cosa más fundamental de él.

 

V = RX

 

No supe que era. Era la imagen más simple de la divinidad, poco a poco me fui acercando como una nave espacial a un agujero negro. Más cerca entendí sus partes que se constituían de otras más y se arremolinaban conclusiones y proposiciones en su rededor:

Ax1:  (x)  V(x) ↔[ Rx ^ A(x)]

V(x) = df x es vida (un ente vivo)

R(x)= df es una reacción en cadena

A(x) = df acumula anti-entropía

Entropía = k log D, Donde k es la constante de Boltzmann (3.2983 . 10-24 cal./C), D medida de desorden

-(entropy) = k log (l/D)………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….


Así la primera fórmula se fue desglosando en sus infinitos detalles: el dios. La vida, era un embrión en paciente desarrollo, el vientre oscuro que lo nutría era el cosmos, que a pedazos era devorado por aquel lémur. Un gusano que salía del barro y que crecía en la eternidad, comiéndola. Esas 3 partes se empezaban a desglosar y multiplicar en otros millones de cosas. Hasta desmenuzarse en una totalidad de explicaciones de lo vivo. Pues eso es la vida: razones, no genes, estos son solo sus signos. Esa avalancha de ideas y verdades me alcanzo o yo me sumergí en ella, ahogándome. Todo lo pude entender entonces, el porqué de cada cosa. Pude pensar el pensar desde afuera. La biblioteca del genoma se desplegaba ante mí violentamente, mostrando la lógica de la vida, de la que millones de personajes, extraviados en diferentes épocas y mundos eran marionetas. Yo, Eme, Ahelos, M, los niños-juguete, Phratede, Nimis, n, Fvogelfit, L, Gnomon, Melquiade, Petrock, Thalos, Wille, Andros, Ayazx, Farman… Toda la humanidad que no había nacido aún pude conocer. Y el drama de cada una de sus vidas. Y el sentido de sus muertes. En lo más remoto vi a un hombre buscando en un planeta vacío. Y a otro morir soñándolo, vi el fin del mundo y vi sucumbir la entera humanidad con él, vi al multiverso desplomándose, y a su cadáver devorado por una codiciosa pululación… Ahora entendía el fervor de Anthonio. Aún lejos de aquel astro hecho de información, note como se conformaba de infinitos teoremas que se derivaban de aquella simple fórmula. Finalmente me hundí en ella y en su abrumadora complejidad. Desmenuzada ya un infinito texto escrito con solo 4 letras.

 


Era como un libro, pero que no se leía página por página, sino que debía leerse todo a un mismo tiempo. Y este era un libro de infinitas palabras. Pero acaso no todo lo que decía era cierto. En este laberinto de información, que es el genoma humano, todos los devotos del dogma se habían perdido, era la vida misma y era un dios complejo y despedazado, como nosotros, sus fieles.

 


Me rodeaban senderos y caminos virtuales, era una biblioteca de genes, diríase interminable y la miríada de reacciones químicas del cuerpo hallaban ahí su representación metafísica, el genoma no solo era la multitud de genes sino todos los efectos que esos implicaban, no solo en el cuerpo de los hombres sino en la eternidad de la vida de la que ellos eran causa. El genoma son los genes de la humanidad, y eran las vías bioquímicas que daban orden al dios, esta era una galaxia de información biológica, el dios, la vida, no solo era la cifra literal del genoma, sino que este era un instrumento tangible e inmóvil con el que se originaba algo móvil e intangible, una música compleja: la vida. Por eso esta acaba en cada persona, como acaba una melodía, pero la música no acaba nunca, espera su posibilidad en ese instrumento mudo: el genoma, sus cromosomas y sus genes. Y la eternidad es una sinfonía hermosa y dramática. El genoma se movía y cantaba su armonía perfecta y solitaria, quede extasiado de su belleza. Pero era un dios cruel, esta perfección era a costa de miles de años de dolorosa evolución y del sacrificio de millones de seres imperfectos como n, sacrificados en un ritual que los devoraba sanguinariamente para llevar un paso adelante su insaciable evolución. Y, sin embargo, ese dios aparentemente perfecto, podía morir y al centro de la vida, y comprendiéndola por primera vez estaba yo: eracom.

Comprendí por fin el corazón de Eme, pero supe de otro, uno que un día nacería y que también era él, M, lo perdoné y me perdoné. Y también lo olvidé. Por un minuto pensé en quedarme ahí, no hacer más que existir en el centro de esa pureza. Pero sentí que la vida estaba muriendo y en ella todos mis sueños. Su belleza y perfección se borraban. El genoma se gastaba y quebraba en su agonía, envenenado por una ponzoña que el mismo engendró. No había como eludirlo debía elegir, entre ser Ele su devoto o eracom su verdugo. Y finalmente me decidí.



FRAGMENTO DE  T H E C N E T O S ∞:  Textos Apócrifos sobre el Tiempo. LUIS ARBAIZA Colaboraciones de Glauconar Y Hans Rothgiesser



 

Comentarios